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ETERNO RETORNO

Está el día en el esplendor de su juventud, pero Daniel no quiere levantarse de la cama, o eso que remeda serlo; una colchoneta sobre la tierra fría junto a viejos libros que nunca terminará de leer; no está cansado pero tampoco precisa de muchas cosas por ir a conquistar, sigue en su cabeza girando la cansada nota del extraño retorno, ese peregrino endemoniado que presentara un día Nieztchev. Es martes y se tiende la misma monotonía de los días en él, ataca con certeza de respiración, con puntualidad de campaneo de iglesia; pero esta vez con un sentido asmático y más vacío que nunca, como fe que sigue buscando respuestas.
No creo que Daniel sea el único en este sistema de caos y desconciertos, todos salen a buscar la ruta de escape del extraño abandono que se inventó la creación, salen a buscar esa nota que le da la vibra a su vida desequilibrada por cuenta de la eterna flagelación del bien y el mal. Y encuentra en su Emilia una salida de emergencia, para la insoportable insignificancia de sus días, gracias a dios.
Ella es como una lámpara en su vida, localizando en la línea del tiempo de Daniel, los colores que al parecer son la ecuánime forma desafiante de la monotonía, él siempre se ha preguntado cómo es que ella lo consigue, pero la verdad, todo eso es un entresijo;

- cómo lo haces Emilia preguntó daniel como por milésima vez.
Emilia vuelve a reponder sólo con una sonrisa. Y va por dos tazas de café a la cocina.
- Emilia tú siempre andas como tan ocupada, entretenida ….
- entretejida, interrumpió Emilia, y no creas que dentro de mí no llueve, agregó antes de probar su café, mientras daba la otra taza a Daniel.
- creo que tengo mucho trabajo que hacer con tu corazón, dijo Daniel citando las íneas de una canción.

Emilia volvió a sonreír, pero era una sonrisa que decía ¡gracias¡, ella cerró los ojos un instante y casi quiso llorar, pero no se lo permitió, quizá por orgullo, quizá porque estaba ya cansada de sentir el mar en su rostro.
-cómo me podrías ayudar, preguntó Emilia. Y sin saberlo volvía su luminiscencia a revitalizar la vida de Daniel.

Entonces ese era el aquí y el ahora, el sin-tiempo, la sin-nada, donde Daniel sentía que se podía salvar, él nunca ha sabido de qué se salva, nunca ha sabido de qué huye, a dónde es que lo lleva todo esto, pero con Emilia de repente era como si estuvieran todas las respuestas, no importaba ni cinco sí las entendía o no; pero tenía las razones, no las excusas pues nunca compartió ese tipo de escudos. Tenía lo que consideraba necesario para el camino.
Emilia habló después como queriendo cerrar el telón, que a la larga más subía;
- lo único que tengo es una tarde y tres noches de escuela libres, es lo único que realmente me pertenece. Y se puso a mirar a lo lejos como si alguien fuera a venir y llevársela a quién sabe dónde.
- espero estar en ellos Emilia, dijo Daniel con toda la fe posible de poderlos conquistar de alguna manera segura.

Pero Daniel era un chiquillo y fue Emilia quien tomó el destino por el cuello y lo sacó de los pensamientos para ponerle los pies en la tierra,
- hay cosas que yo no quiero que sepas de mí Daniel, así como yo no las merecía tú no debes saberlas, y aunque eso nos distacie por siempre, hará de este retorno nuestro, algo verdadero, créeme.
Hubo un silencio impar, ella por su lado y Daniel persiguiéndola; idiota. 
Eterno idiota en su retorno, pero comprender la libertad de Emilia lo hacía también libre, aún le cuesta llevar esa idea de los misterios de Emilia, pero la apertura de su vida no ha podido llegar a mejores manos, cuando él está solo lo entiende mejor.
El martes sigue su camino pactado con la creación, Daniel en ocasiones aguarda en una esquina cualquiera a que la tarde o las tres noches de Emiliase anuncien, porque de otra manera no es capaz de justificar o siquiera de echar a la suerte su vida.
Espera a la lámpara que ultraviolete y ultraviolente aquello de sobrevivir, mientras subsiste al impaciente cansancio de respirar al borde de una paranoia con nada de retorno.


eterno retorno


Daniel matute

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