Hola, Éste soy yo!

Jhon Rivera

Músico Independiente

Buscar este blog

 

ELLA

Ella es una breve historia llena de tragicomedia y trastadas que le suceden a nuestro personaje MARL es un proyecto de vida que se espera se finalizado antes de la muerte del propio autor, en la cual contará las vivencias que le han ocurrido a su modo.

El candelabro en la mesa
-        ¿Qué día es hoy?
-        ¿Por qué lo preguntas?
-        Creo que es importante saberlo, así decidiré que debo hacer…
-        “El ser humano no puede tener siempre lo que quiere, pero sí puede dejar de hacer lo que  no quiere”
-        ¿A qué viene eso?
-        Es la frase de una canción que escuché.
-        ¡Pero eso no resuelve la pregunta!
-        a mí me ha resuelto la vida escuchar la canción, deberías oírla también.

Es de día, el sol ya atraviesa la vieja cortina tejida de mi habitación, aún no ha sonado la alarma, solo era uno de esos sueños, el Hombre con el que hablaba se llama Shead, o al menos es lo que recuerdo.
Soy un Bibliotecario de medio tiempo, joven de escaso futuro y presente incierto,  dueño de la otra orilla… de la cama, porque la de éste lado ya está ocupada, no sé cuándo se le ocurrió a Shead decirme que en ese lado duerme él, la noche del PRIMER DÍA se me ocurrió acostarme de su lado y la que se armó.

-        ¡¿Pero qué está pasando?!
-        Estás cayendo a un precipicio.
-        ¡Eso veo! ¿Pero por qué?
-        Es muy simple, he medido los lados del ángulo correspondiente al cateto que equivale a la mitad de un rectángulo y he decidido sacarte del lado que me corresponde de la cama.

Ese día como los anteriores el sol atravesaba la vieja cortina tejida de mi habitación, aún no había sonado la alarma; el golpe me despertó, estaba tirado en el suelo junto a mi cama cuando entró ella para iluminar mí mañana, había más luz debajo de su falda de la que podían soportar mis ojos, pero no me dejaría ciego mirar un poco, las curvas de sus piernas se alzaban hacia el norte desde mi sur y su sonrisa me esperaba en el horizonte, si, estaba molesta y esa sonrisa estaba mucho más allá de los confines. Me levanté ágil como malabarista de circo y me dispuse a empezar el día, miré que el reloj apuntaba las cinco y diez, ya iba lo suficientemente tarde para el trabajo como para demorarme más, me escurrí en la regadera como un gato y como tal salí de allí, deprisa me puse la camisa de The Who!, los bóxer lacrados que me ajustan bien las esferas del dragón, los Jeans de siempre y las primeras botas que vi en el canasto.
Ensillé mi yegua verde, verifiqué que tuviese aire en las ruedas y me dispuse a pedalear como alma que lleva… ¡Las llaves!  ¡Se me quedaron las llaves de la biblioteca!
-        Aquí están.
-        ¡Si! Gracias, te debo muchas, no sé qué haría sin ti, nos vemos más tarde.

… Mano izquierda en la rienda, pierna derecha arriba y ajustando motores, verificando amortiguadores, ahora sí, me había quedado en… el diablo!
Tomo la autopista principal del pueblo, paso por el gimnasio de los eruditos en donde están siempre las Barbies tonificando las mentiras de enfrente y atrás, solo miro de reojo, (no quiero verme involucrado en algún accidente por dar más detalles y ustedes tampoco quieren que termine aquí ésta historia) y así continúo hasta donde se levantan los árboles, los riachuelos, y el camino de pinos, Justo al lado hay un puentecillo de madera que se mece con el viento y con el galope de mi yegua, siento el vacío en el estómago, veo tras los tablones el agua pasar por las rendijas, maniobro las riendas para  esquivar las partes sin tablas y llego al gran roble que sujeta uno de los extremos de aquel puentecillo. Continúo mi camino corriendo con mi yegüita al hombro ya que las piedras filosas y sueltas del camino ya me han hecho pasar malos ratos por no decir golpes y demás…  terminado ese tramo empujo mi yegua y salto en ella como yoggi profesional y zaz! Por ponerme de payaso le reviento la llanta de atrás, afortunadamente mi yegüita tiene un hijito de una rueda (siempre lo llevo para las emergencias) y preciso es una bajada, ensillo mi monociclo rocinante, pongo a su madrecita herida en mis hombros, me hago la cruz y bajo como equilibrista de circo… 
Y por fin llego, menos herido que otros días y a la hora exacta 8 am en la que se abre. Aun no hay nadie, saco la llave del bolsillo izquierdo ya desgastado por el roce de los objetos, abro la gran puerta de madera con inscripciones la puissance de noms est partie de votre sprit (Que el poder de los nombres sea parte de tu mente) enciendo el candelabro de la recepción, para que los lectores admiren ésta hermosa figura y también para que vean el ancho y desgastado libro de visitas cuando firmen. Tomo asiento y descargo mi equipaje en el suelo junto a mis pies…

Soliloquio.
-        Gancho
-        … aquí está.
-        Palanca
-        Aquí está
-        Haciendo primera inserción.
-       
-        Haciendo segunda inserción… examinando área afectada…  No hay nada que hacer, debemos cambiarla, está totalmente destrozada tiene fisuras en el área uno, cuatro y la válvula de aire está fracturada, ¡¿hay algún donante voluntario?! Necesitamos un trasplante.
-        ¡Aquí señor! La encontramos en el cuarto de reserva
-        extrayendo órgano afectado... Finalizando de extraer residuos… iniciando inserción del nuevo organoide. Reacomodando área dos, tres, cinco y ajustando válvula de aire.  – bomba.
-        Aquí está señor, es la única que tenemos.
-        Recuérdame pedirle al departamento de reserva que renueven nuestros implementos por unos más sofisticados.
-        Sí señor, lo estaré recordando.
-        Bombeando… 1,2…1,2…1,2…  comprobando niveles de tención, confirmando reacción al movimiento. Listo, hemos terminado de arreglar la llanta de mi yegüita.

Empiezan a llegar los lectores matutinos y a seleccionar libros deliberadamente para husmear las historias que pueden entrever escogiendo paginas al azar. – ¡yo pienso que deberían tomar un libro y ya!  Sin rodeos ni excusas de si es interesante o no, empezar desde el comienzo hasta la última página, toda obra literaria tiene su razón de ser. Recuerdo que hace años hice una canción, un día la volví a escuchar y me pareció algo aburrida pero entonces me di cuenta que estaba equivocando, en donde quedó el sentimiento de esa inspiración, sentí como si no hubiese valido la pena haberla hecho y entonces pensé: ¿acaso no importan los sentimientos que tuve el momento en que la hice?  Así también sucede cuando escatimamos cualquier obra, ¿acaso no importan los sentimientos del autor? Deberíamos leer un libro como lo hacemos con las mujeres, si, así como lo leen, uno no escoge a cinco mujeres libros y las lee frente a la otra, eso sería machismo literario.(comparación de libros con una mujer) Primero lo primero, le hablas de ti y de tu, ves su nombre en la cubierta y le das la confianza para que ella te abra sus páginas, te cuenta de donde viene, quienes trabajaron en ella para poder estar contigo ese día, Te explica las cosas que le gustan para que tú la entiendas aún más y de repente te darás cuenta que tienen cosas en común y querrás seguir viéndola, se lo dejaras adentro cada día (el separador) para poder continuar en donde se quedaron y al final te llevas un recuerdo de ella, una enseñanza, una canción…
¿Y qué si te miro a los ojos?
Aunque me distraen tus labios
El sendero que marca tu sonrisa al mirarme
Se detiene en mi tiempo

¿Y qué debería yo hacer para ser tú enemigo?
Que aunque no haya cariño ni amor
Y sientas esa necesidad de mí, de odiarme.

Qué más quisiera yo
Que me necesitaras y pensaras en mí
Ser el recipiente de tus sentimientos
Porque así tal vez en un descuido un día me rompa y pueda desbordarme en ti
Recorrer cada parte, entenderte y por fin encontrarte
Volver a mirarte a los ojos y decirte… ¿quieres ser mi enemiga?

¡Ah!, ¿qué tal? Te lo voy a explicar, ¿te ha pasado alguna vez que no puedes estar con la persona que te gusta porque es tu amiga? Pues aquí la solución, hazla tu enemiga. Eso sí, las mujeres son las peores enemigas que puedas imaginar, su indiferencia puede quebrantar la voluntad del más noble, con algo de gracia y dedicación se les puede convencer, pero no hará mucha diferencia, es como eso de que si Mahoma no va a la montaña que alguien lo lleve a tuche, el camino es duro pero al final tiene sus frutos, tú aprendes un poco más de ellas, y ellas se divierten haciéndote sufrir, todos ganan, hasta Mahoma.
Ya está lleno el recinto y no hay asientos libres en el salón principal, y permito que los otros clientes lleven sus libros a casa si lo desean.
-        Hola Marl!
-        Bienvenida Denna! El salón no está disponible, ¿deseas llevarte el libro?
-        No creo, en casa no tengo tiempo.
-        ¿Tienes carnet de membresía?
-        Si, ¿por qué lo preguntas?
-        Hay un mini salón disponible para los clientes preferenciales cómo tú.
-        ¿Ah sí? No lo sabía.
-        Acompáñame por favor. – En verdad hay un pequeño salón que es como mi recinto de lectura y no me importaría compartirlo con Denna, me encantan las mujeres que saben algún tipo de arte y la música lo es en ella, ¿que por qué lo sé?, los violinistas tienen una mancha en forma de punto característica en la clavícula que se da por apoyar allí el instrumento y no lo digo por lo hermoso de su cuello o el escote de su blusa, pero hay algo que me atrae, y aunque mi corazón ya está ocupado, mi mente me dice que puedo aprender algo de ella.
-        ¿No me estarás llevando a algún sitio extraño para hacerme cosas raras? (risas)
-        Todo depende de que sea extraño para ti. (risas) – ahora es el momento del silencio incómodo, nunca me ha ido bien cuando estoy nervioso, la risa me sale algo macabra y se me nota el nerviosismo en la cara, no puedo evitar emocionarme por lo que pueda suceder en aquel cuarto. – Tranquila no te preocupes, te dejare seguir sola, el salón está allí al fondo.
-        Gracias.
Doy media vuelta y regreso al mostrador, tranquilizo mi mente, dejo un letrero de fuera de servicio, Tomo un respiro hondo y me vuelvo a mi recinto de lectura.
Mientras me dirijo ante la puerta del pequeño salón con pasos silenciosos cierro los ojos y los abro lentamente antes de tocar.
-        ¿Puedo pasar? – sin hacer caso a una respuesta mi mano se posa en la perilla y la abre por inercia.
-        Ah, hola Marl!
-        ¿Qué te ha parecido el pequeño salón?
-        Es acogedor.
-        Y también muy tranquilo. – Se los voy a dibujar con palabras, cuando entras lo primero que ves enfrente es un estante de madera lleno de libros con algunos espacios libres, en la parte derecha hay un pequeño escritorio con una lámpara, una máquina de escribir, papeles y otras pequeñas cosas sueltas, justo al lado un sillón con el asiento sumido y los brazos gastados, en la parte izquierda están en la pared un violín junto a una guitarra colgando,  Denna sentada en la única mesa despejada mirándome. Tomo enseguida asiento en el sillón, escucho un pequeño golpe, pero no le presto mucha importancia. - Disculpa por molestarte.
-        No hay problema, igual iba a tomarme un descanso, pero veo que ya me has ganado el puesto.
-        Ah, si quieres sien… - acabo de oír uno de los peores ruidos que podía escuchar. Me quedo petrificado y suspendido en el aire teniéndome de los brazos del sillón, veo la cara de Denna ruborizarte y luego desprender una carcajada y recuerdo el pequeño golpe de antes y toco mi parte trasera, veo que desprende un resorte del sillón halando parte de mi pantalón.
-        (risas) Ay Malr pero que suerte tienes.
-        … - me quedé atónito de la reacción de Denna pero agradezco que no haya salido corriendo pavorizada. Regreso a mi puesto lentamente hasta sentir la punta del resorte apuntarme la nalga izquierda, reacomodo con mi mano el resorte y me preparo para cambiar rápidamente de tema. - ¿Y tocas violín? – veo que trata de contener la risa y lo logra.
-        Si, ¿cómo lo sabes?
-        No sé, solo se me vino a la mente. ¿Te importaría tocar algo para mí?
-        Claro que no me importa.
-        ¿Te importaría tomar por mí el violín que está en la pared?
-        (risas) claro que no.
No puedo describir la cantidad de sensaciones que me produjo, la vi tranquila como si la niebla se despejara suavemente hacia el suelo, cerró los ojos como si buscara la partitura de la canción en su mente, tomó un hondo respiro que fue soltando junto con las notas, escuché la melodía de blancas y negras, silencios que se hacen eternos y tenues, escuché la caricia del viento que no entra por ninguna ventana y la nieve caer en pleno verano, la vi, y más que verla la sentí y quise ser parte de ella, así que en silencio me acerque a la pared en que estaba ella y tomé la guitarra sin hacer ruido, y volví a mi puesto. Preparé mis oídos para unirme a ella y cuando pude comprender lo que sus notas decían estuve listo para ir, acaricie levemente las cuerdas buscando el primer acorte, cerré mis ojos y deslicé mi mano e hice danzar mis dedos junto con los de ella, y mis silencios contemplaban los suyos y míos fueron sus recuerdos, le expliqué con notas lo que he vivido y ella respondía a ellos, pude oír el último silencio y ver una lagrima salir de Denna.
-        Disculpa por llenar tus mejillas de lágrimas, no toco tan bien como tú.
-        No, nada de eso, lo haces muy bien. ¿Cómo lo hiciste? Nunca la habías escuchado.
-        ¿Tu canción? Umm, como describirlo, es como si fuese una historia, yo solo hice parte de lo que pude ver que sucedió, parte de lo que sentí que eras o que fuiste, solo hice parte de una conversación.
-        (risas) Entiendo, pero aún no lo logro comprender.
-        No le des muchas vueltas, ¿quieres escucharme tocar algo en el violín? – La veo mirarme con curiosidad, como si hubiese visto un ser del más allá, algo ajeno a éste mundo entonces sacude la cabeza distraída y deja el violín en mis manos. Siento que las mujeres como Denna se están extinguiendo o al menos viven en algún lugar muy pero muy lejano, pero ahora no perderé la oportunidad de acercarme más porque como cualquier libro me puedo llevar un recuerdo, una enseñanza, una canción…
-        Me encantó esa pieza, ¿de quién es?
-        La oí en una película de cine francés. La original es más extensa, esto es solo un resumen. Ah, mira, ¿vez aquel estante? te quiero regalar un libro, toma el que te apetezca.
-        ¿Enserio? – sonrió pero a pesar de la pregunta que hizo se levantó rápidamente como niña en dulcería a escoger uno y lo puso en mis manos.
-        Vale. Que lo disfrutes. Ya debemos irnos, es hora de almorzar.

Así salimos del pequeño salón hasta la recepción, reservé mi formalismo, tomé la mano de Denna y la besé. - Ha sido un placer, disfruté mucho de la plática. – siguiéndome la corriente ella se inclinó levemente con tono elegantizó y profirió: - igualmente. Sonreímos al son y tomamos nuestros propios caminos, yo al mostrador y ella hacia la gran puerta de madera.

Busco en mi maleta el porta del almuerzo y me preparo para ver que sorpresa me dará hoy ella, la vez anterior me hizo unas salchichas con papas en forma de pirámide intercalada la una de la otra, alrededor estaba una ensalada de verduras con puré de papa  aderezada con salsa tártara y por lo que veo hoy es… el desayuno, si, lo que no me alcancé a comer ésta mañana, un huevo frito con una carita triste hecha con mayonesa en la yema, un pan y el jugo de guayaba. Quien diría que se veía feliz cuando se despidió de mí, sé que lo hace para que no haga tanta pereza al levantarme, ahora debe estar mirando el reloj y riéndose de la broma que me hizo. Qué más da, me llenaré de huevo, pan, jugo y risas.

-        Hola Marl.
-        ¿Eres tu Shead?
-        Ya han pasado años
-        ¿De qué?
-        De cuando nos conocimos
-        ¿A, si? ¿Cómo era el tiempo?
-        Gris y lluvioso como ahora
-        Te invito un café.
-        No, ya debo irme, ya es hora.
-        ¿De qué?  - se cerró la puerta y me desperté.
Ya es de tarde, recuerdo que terminé mi almuerzo y sin darme cuenta acabé dormido en la repisa inferior del mostrador.
Veo por encima de la barra que ya todos se han ido y en el recinto solo habita el silencio, reviso el libro de visitas para saber quién entró en mi ausencia. Hago un recorrido concienzudo de la sección uno a la doce – Siempre he sido muy cuadriculado en el orden, no hay libro que se me esconda en cuanto al inventario y de todas las secciones ¡aquí falta un libro! Sección cinco…

La tarde está muerta, muerta como los soldados de las mazmorras, como las almas en el gargarot, tengo ganas de abrirle las piernas a otra mujer libro pero aún no he terminado de leerme ésta. Escucho rechinar la vieja puerta de madera y la primera visitante de la tarde se adentra como luna en el crepúsculo, veo mi rodilla adoptar un ángulo de 45 grados al igual que la otra y va descendiendo poco a poco, sí, me estoy agachando y no porque tenga miedo sino porque recordé que olvidé algo aquí abajo.
Escucho el roce de la tinta y el papel, un golpeteo de cuero y madera y unos pasos rastreros alejándose lentamente. Abro el libro de visitas y en letra grande y cursiva nombra: MILLER
veo pasar de lado a lado la barca de libros de la señora Miller, esa impecable tranquilidad con la que empuja el carrito es la del propio demonio, tiene una mirada gris y profunda como la de un ser fata, tiene esa pequeña joroba en la nuca que da la sensación de que otro ser alberga allí dentro, ella sería la típica protagonista del libro: la bruja de Torcoroma y sus siete jorobas, la madre dante y pedante y no sé qué otros nombre me podría inventar si me la paso pensando el resto de tarde.
-        Hola Marl
-        Doña Torcoroma… digo, ¿señora Miller como se encuentra?  ¿Ya encontró algún libro de su agrado? ¿Qué ha decidido leer hoy? 
-        Me encuentro bien, un poco adolorida de la espalda pero nada que leer un buen libro pueda solucionar, he escogido varios de la sección 4 para aumentar mi conocimiento en los negocios.
-        Me alegra verla tan animada, se ve tan joven como siempre. – Hay una duda que siempre ha invadido mi cabeza sobre la lectura tan dedicada de la señora Miller, me he fijado que en ocasiones da vuelta de la sección 4 y escudriña en la sección 5 y vuelve como si nada empujando plácidamente la barca por el pasillo hacia la mesa más alejada del recinto. Economía mis polainas, tengo más conocimiento en las bolas, si, en las bolas de cristal que me dejó mi madre, que de por cierto era una gitana muy afamada por sus predicciones numerológicas. Hay una gran diferencia de la sección 4 a la 5, tan abismal que sería comparar una moneda con un aparato reproductor.  – Que disfrute los libros señora Miller, cualquier consulta por favor llámeme.
-        Gracias Marl, hasta entonces.
… Ahora ya sé en donde se encuentra el libro que faltaba. Ahí viene un viejo amigo al que le presto mi colección personal de libros…
-        Hola Charlie.
-        “Recordando que en un sueño abrasaste mi llanto y calmaste con mentiras mi dolor, Porque sus palabras anunciaron y mi cómplice que es el viento han traído esas palabras que me desgarran”
-        Has de ser poeta cómo lo recitaste.
-        (risas) nada de eso Marl, Me encantó ésta parte del libro que me diste.
-        Y a mí, Puedes venir por él las veces que quieras.
-        ¡lo haré! Hasta mañana Marl.
-        Hasta mañana Charlie.
Circulo a la derecha, circulo a la izquierda, esto me recuerda a las clases de karate del señor Miyagi, y me encanta como brilla el recibidor junto al libro de visitas, se refleja ondeante la luz del candelabro, se desdoblan los objetos que yacen sobre ella, me pierdo en el brillo y reflejo de los objetos, en definitiva la limpieza es otra de mis virtudes. Me acerco al tocadiscos y coloco un acetato verde de pink Floyd (the Wall), nunca supe el porqué del color verde, yo siempre los vi en color negro. Tomo mi compañera de baile, la deslizo con pasos suaves y rítmicos, veo en la esquina a su amiga observarme inmóvil como esperando a que yo la tome en mis brazos y haga las mil y un maravillas con ella, así que me acerco con mi compañera finalizando una de las canciones del disco, la dejo junto a su amiga, tomo su figura rígida, la poso sobre el piso y le sacudo esas mechas hasta que el piso de madera queda lo más limpio posible, así termino de hacer el aseo y me dispongo a marcharme a casa.
Pulgar en dirección al cielo, índice, corazón, anular y meñique recogidos perpendicularmente, labios en posición, preparando fuerza pulmonar, reacción de labio superior y silbido confirmado. – ¡¿Señor me puede dar un aventón hasta el pueblo?!
-        (ademan) ¡sube!
Hoy quiero llegar lo más pronto posible a casa, ella me está esperando y hacer esperar a una dama no es de caballos ni de burros.
Hablo con el conductor por el camino de cosas triviales como de política y el gobierno, me dice que cuando era joven las cosas eran más sencillas, producías del campo tu alimento y la tierra no pedía tributo monetario por usarla, que había más posibilidades de encontrar una mujer de casa y que había honor en extender las sábanas blancas como una bandera, en fin, cosas que afortunadamente yo había alcanzado a vivir y como perrito de taxi asentía con la cabeza pensando en el futuro de ésta tierra y mis paisanos. Veo tras la ventana del auto que cae la tarde con el atardecer de la cabra, me despido del amable conductor y atravieso la verja hasta los escalones agrietados que conducen a la puerta en donde ella me está esperando.
Siempre me llaman sus labios, son rosados y suaves, me deslizo por y para ellos, llego hasta sus bosques, me deleito con el sabor de su piel, de sus mieles y sus valles, llego a la cúspide de la gloria por y para ella y así mismo lo hacen para mi sus caricias, su ira de no poder tenerme siempre, de no temer un hasta luego, pero luego aún me abraza, me espera a que regrese para volver a besarla,  Me enredo en ella, juega con migo a no soltarme y a escaparse de mí, me dice: - no quiere entrar - pero yo le digo que si quiere y me aferro aún más a su cuerpo, veo esa ansiedad en su rostro y se ruboriza, aun es virgen y lo seguirá siendo todas las veces que podamos estar juntos aquí o en un futuro inexistente. Siento en el aire el olor a vainilla que es propio de ella y que se intensifica con el roce de nuestra piel hasta que llega la calma acompañada de suspiros, besos, más caricias y el silencio.
-        ¿Y si quedas embarazada?
-        Eso no sucedería.
-        ¿Por qué?
-        Porque no me embarazo sola, ¡nos embarazamos!
-        (risas) tienes toda la razón, espero que me den los días de maternidad para estar junto a ti. Ya debo irme, descansa.
-        Espera, no te vayas.
-        Ya debo irme…
-        ¿A dónde?
-        Debo recuperar algo que perdí.
-        Pero quiero que me abraces toda la noche.
-        Lo siento, ya debo irme.
-        ¿Ya te había dicho que te amo?
-        No, pero siempre lo supe.
-        Te estaré esperando, cuídate.

Ya es de noche, la luna brilla junto a las estrellas, los árboles se tambalean junto al viento, los gatos se esconden sigilosos esperando alguna presa desprevenida, se ve uno flexionando las patas traseras y levantando al compás las delanteras como si preparase el suelo para tomar una siesta, sus ojos se ven brillar con la luz de los faroles y se interna más en el pequeño arbusto en que se esconde, puedo ver su cola moverse rampante y alerta. Continúo mi camino hasta llegar a una cerca de madera con una cerradura de mano, la abro lentamente y me escabullo en el patio trasero, la única entrada disponible es una vieja puerta que asoma en el suelo hacia el sótano.
Soliloquio.
-        ¡Asistente!
-        Señor ¡Si señor!
-        Necesitamos verificar las provisiones. Mascara –No deseo que me descubran infraganti, además si me llegasen a descubrir pensarán que soy un espanto, la figura que verán sería la cara de un pequeño duende con la sonrisa malévola, los ojos brillantes y los pómulos rojizos.
-        ¡Listo!
-        Linterna
-        ¡Cargada!
-        Shiii no hables tan fuerte.
-       
-        Listo, ya podemos iniciar, entra y enciende la linterna.

Frente a mí un sótano lleno de antigüedades y reliquias del año en que reinó Enrique v1, plantas secas colgando del techo, un estante lleno de frascos de vidrio, una mesa con manuscritos viejos y al lado las escaleras que llevan al primer piso, me dirigí rápidamente a las escaleras. El corazón me apretaba aún más el pecho, ya tenía el lugar suficiente aspecto de guarida de bruja como para aventurarme a la sorpresa de que me caiga una maldición, me salgan verrugas en las esferas del dragón, o peor, se me caiga el báculo sagrado, me hice la cruz tres veces invoque a los ángeles que custodian esa hora, hoy es jueves y es la 1 de la mañana:  Sachiel, ángel protector de ésta hora, te encargo mi protección así como gloriosamente has ayudado a otros, protégeme de todo mal y peligro y haz que se haga mi voluntad siempre que sea para bien, amen.
Dios te salve maría… - se oyen ruidos viniendo del primer piso y la puerta que conduce al sótano abrirse, suenan sobre el piso unos pasos… ya debo irme.
Ya sabrán que como alma que lleva quien salí disparado, no tuve tiempo de pensar de no hacer ruido, en el camino tiré el estante, manotee objetos para abrirme paso  y así emprendí la huida de la casa de la señora Miller.
Llegué a casa sudando como una trucha y caí tendido en el sofá al lado de la cama.

-        Hola Marl
-        ¡Shead!
-        Mira tú cuello.
-        ¿Para qué? No puedo.
-        Sácate los ojos y mira.
-        ¡Qué estás loco!
-        ¡¿Y que tú estás ciego?! Esto es un sueño, ¿puedes hacer que las cosas sucedan no?

Recuerdo que me acosté a dormir en el sofá de mi habitación, ella estaba en mi lado de la cama. Ya es de día, el sol ha dado paso a la lluvia, se ve el cielo gris y la vieja cortina de mi habitación ondea con el viento del rocío, se ve a través de ella el vidrio opaco y unas pequeñas gotas de agua resbalando.
Me dispongo a iniciar otro día, ella me saluda y me pide que me aliste para ir al trabajo.
-        Hoy no quiero ir a trabajar
-        ¡Debes ir! O acaso quiere que te despidan.
-        Eso no sucedería.
-        ¿Por qué?
-        Porque no me despiden solo, ¡nos despiden juntos!
-        (risas) bobo, es enserio. Levántate de una vez por todas.
-        (risas) ya voy, ya voy.
Empaqué en mi maleta un cambio de ropa dentro de una bolsa, en uno de los múltiples bolsillos de ella guardé una barra de chocolate y una cajita de leche, reacomode mi monociclo rocinante junto a una toalla y mis botas, me puse la pantaloneta de ir al rio, una camisetilla que me hace ver los músculos de oliva que tengo y  unas chocatas. Ensillé mi yegüita y comencé a pedalear.
Ella asomó desde el mirador de mi habitación, estaba sonriente como esta mañana, tomé un suspiro hondo y pausado y continúe.
No llevo más de siete minutos y estoy empapado, las gotas de lluvia juegan con mis pestañas, las llantas me lanzan del suelo más agua de la que cae y uno que otro mugre me cae en la boca, las calles están vacías y solas junto conmigo. lamento no haber comprado los guardabarros la semana pasada, las alcantarillas del último tramo de la carretera están desbocadas… cierro la boca, aprieto los dientes, los ojos y paso a regañadientes hasta el camino que conduce al gran roble, al llegar al puente colgante me detengo para darme un baño, bajo por un pequeño camino hasta la orilla de la creciente del río, saco un pequeño tarro con unas inscripciones grabadas que muestran H&S, vacío su contenido sobre mi cabeza y empiezo a frotar, con mi mano libre restrego el jabón por el resto del cuerpo y luego con ambas manos me aviento agua para quitarme el ardor del champú que me cayó en los ojos, termino de lavarme y vuelvo a subir el camino que se muestra ante mi resbaloso, me sujeto del pasto que yace en el suelo y logro subir al lado en que dejé mi yegüita amarrada.
Siento que una dulce voz me habla y me dice algo que no logro entender, me detengo unos instantes para oír el sonido de la naturaleza, tomo un hondo respiro y alzo mis brazos para estirarme, escucho las gotas golpeteando el suelo junto a los charcos, el viento arremolinando pesadamente las hojas, las piedras del camino tropezando una con otra, una fuerte brisa golpeando el lado derecho de mi cuerpo y la creciente del rio llevándose el puentecillo a no sé dónde mientras retrocedo para no irme junto con él y así me quedo unos instantes inmóvil como si estuviese mirando un cortometraje de mi vida en donde afortunadamente no hubo fin. Río unos instantes, el rio sigue ahí, y me vuelvo a sonreír de todo, del agua arremolinarse, de los troncos que salen y vuelven a esconderse en el agua, de la brisa fuerte que golpea el lado derecho de mi cuerpo, de las gotas de lluvia bailarinas entre mis pestañas, de no saber si es agua o sudor lo que baja por mi cuello, de mis manos apretarse contra mis mejillas y la risa me sigue saliendo, aún más descontrolada hasta que caigo tambaleante en el suelo, empiezo a llorar y distingo la calidez de mis lágrimas al resto de líquido, agradezco de la gran suerte que tengo, por todo lo que he podido tener, por poder haberla conocido a ella, poder seguir aquí y poder continuar viviendo. Doy media vuelta a mi yegüita y me dirijo nuevamente a mi casa.
Subo las escaleras desgastadas por el golpeteo de mis botas, logro ver la puerta que conecta a mi habitación y la veo allí acostada en la cama inmóvil, no quiero arruinar su sueño ni preocuparla, así que me dirijo a la sala, me dispongo a terminar de leer mi libro, voy a la cocina y me reparo una taza de café con leche, y me acomodo en el sofá, descargo el café junto a la lámpara que se encuentra encima de una mesita y de allí mismo tomo el libro, y así me interno en las curvas apasionadas que van de una página a otra hasta que entro en estado catatónico y paso por varias de sus fases como la excitación, impulsividad, mirada fija, bloqueo y por último el final del libro casi me provoca una catalepsia, en definitiva, me encantó y me gustaría que no hubiese un final.  Después de un rato, ya me pesan los parpados y siento que ya me dan la vuelta los ojos como muñeca, saco el bocadillo y la bolsa de leche de los bolsillos de mi bolso, acomodo el libro en la mesita, termino mi lunch, me reclino aún más en el sofá, de ahí no pensé en nada más.
Al día siguiente me cuesta abrir los ojos así que me ayudo con los dedos para separar los parpados, ha de ser la conjuntivitis, me aplico unas gotas que me receto el doctor, me estiro la cara, sacudo el cuerpo y comienzo a subir por las escaleras a mi habitación.


Me acuesto a su lado, cierro los ojos y cubro con mi brazo su cuerpo, poso mi mano en su pecho izquierdo, siento un intenso cosquilleo en todo mi cuerpo, he decidido no ir al trabajo el día de hoy, me quedaré en casa junto a ella todo el día, vuelvo y la abrazo fuerte, apoyo mis mejillas en su espalda, siento las gotas tibias de mis lágrimas recorrer su espalda entre mis mejillas, pero no abriré los ojos, recuerdo todas las cosas que hemos vivido, las mañanas en que me despertaba y ella estaba allí como ahora, cuando yo me escondía en ella y huía de mis caricias incitándome a seguirla; me aprieto aún más a ella. Recuerdo lo que me decía “ya te dije que te amo” y yo respondía no, pero siempre lo supe. Cuando me pidió que la abrasara toda la noche. Siento nuevamente un frío recorrer, no solo su cuerpo ni el mío, sino toda la habitación se impregna de ese silencioso hielo, lejano, nostálgico y distante. Pero no abriré los ojos porque la veré pálida y triste, y tan solo quiero verla viva como en mis recuerdos y no despertar nunca más.

sound notes

soundnotes - sonidos de notas - jhon rivera - Música inédita para oídos inéditos
- Average rating: 4.9 , based on 91489 reviews
ELLA
5 out of 5 1992 user reviews.
ELLA
soundnotes - sonidos de notas - jhon rivera.ico
Calificado 4.5/5 en base a 11 comentarios de clientes
$60.000 En stock
Descripción del producto
Ella es una breve historia llena de tragicomedia y trastadas que le suceden a nuestro personaje MARL es un proyecto de vida que se espe...
Compras de clientes:
sound notes - en La Tejetienda, Tejidos de Colombia
4.5/ 5 Estrellas *****
Compra de valor - en

ELLA

, 14:26:00
4/ 5Estrellas (*****)
...

Música inédita para oídos inéditos, las canciones que vas a escuchar diferentes y nuevas son realizadas por el artísta jhon Rivera, un músico independiente de Bucaramanga. Gracias por la visita!

About me

Hello

I'mJhon Rivera

Gestor de mercados, estratégias de Marketing, Músico Independiente y Diseñador web

(El narrador) Nacío en colombia en 1992. Músico, Poeta, Agente comercial, Gestor de mercados, Diseñador web y dueño de la otra orilla (de la cama). Santandereano de casta, joven de escaso futuro y presente incierto. Se independizo a la edad de 17 años, mientras finalizaba su bachillerato, un alumno muy aplicado en el estudio del cuerpo y la mente. Trabajaba en una empresa explotadora de almas puras hasta que decidió iniciar su propio proyecto con @KANGUTINGO, luego continuó con otros como son: TTP (Tatuajes temporales y Permanentes) - TEJIENDO WEBS Empresas que en la actualidad (2017) están en funcionamineto. Está enamorado de las Historias que llegan a sus oídos. Su vida entera cambió desde que conoció su guitarra que lo ha venido acompañando desde entonces.

service

TGo Gestión de mercados

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.

DISEÑADOR GRÁFICO

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.

CUENTERO EMPÍRICO

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.

DISEÑADOR WEB

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.

MÚSICO INDEPENDIENTE

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.

FOTOGRAFO p.

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.

3000

LINES OF CODE

50

COFFEE CUPS

324

BOOKS

1234

GIFTS
JHON RIVERA
+57 - 3115093291
Bucaramanga, Colombia

DÉJANOS TU MENSAJE

Incluyee tu telefono y otros datos de contacto